En 1986 se inauguró en la ciudad de Valencia ACTV, un espacio cultural que marcaría un hito dentro del movimiento musical valenciano, destacándose como la sala de referencia en cuanto a sonido, iluminación y diseño. Además, lo que hizo de este club un lugar sin precedentes fue su enfoque innovador: fue la primera discoteca en crear una imagen y diseño que transmitía una identidad única y fácilmente reconocible, algo poco común en los clubs de la época.
«Es importante destacar que ya contaba con una amplia experiencia en conceptualización, diseño y dirección antes de dar vida al espacio disruptivo de ACTV. En 1974 diseñé mi primer espacio: CRAC, un bar musical con marcadas referencias culturales, que se convirtió en un punto de encuentro para artistas, músicos, escritores, y otros creadores.», expone Julio Andújar, fundador, creador y director de ACTV.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión en su carrera llegó en 1978, cuando asumió el reto de transformar un antiguo balneario de 1918, completamente en ruinas y ubicado en la playa de la Malvarrosa, en CASABLANCA, un ballroom que revitalizó el baile en pareja.
Algo destacable de la sala era que ofrecía grandes ventanales con vistas al mar, y su decoración se completaba con elegantes kentias. Además, CASABLANCA contaba con una Big Band en directo, compuesta por nueve músicos, creada con el fin de rescatar el encanto de las bandas de los años 20, 30, 40 y 50, y por ello ofreciendo actuaciones de orquestas en vivo.
Así pues, el éxito de CASABLANCA impulsó unos años más tarde, en 1980, el primer beach club de España, llamado TROPICAL. Situado en la propia terraza del balneario, con música en directo y en primera línea del mar, sobre la arena de la playa de la Malvarrosa, TROPICAL rápidamente se convirtió en un referente e inspiración, generando la primera zona de ocio en la playa de Valencia.
«La idea de Casablanca fue rompedora en todos los sentidos. Su éxito fue tan inusitado, que el público escalaba por los andamios de rehabilitación para poder acceder a la sala. Don Francisco Alfonso, el dueño del edificio Termas Victoria, estaba encantado de ver en lo que se había convertido su edificio. De hecho, creyó y apostó por mis ideas en todo momento, permitiéndome realizar cualquier tipo de reforma y restauración.»
Este beach club fue plató de televisión en diversas ocasiones. De hecho, la primera vez que Televisión Española salió a la calle en Valencia, fue a TROPICAL.
Paralelamente a Casablanca, Julio Andújar se embarcó en la transformación de un pequeño centro comercial en la calle de la Estrella, creando la reconocida discoteca Metrópolis. Este proyecto fue crucial, ya que en Metrópolis Julio desarrolló el concepto de discoteca que más tarde aplicaría en ACTV.
Para la imagen de Metrópolis, Julio colaboró con Paco Bascuñán, quien había sido su compañero desde sus inicios en la Escuela de Artes y Oficios (actual Universidad EASD), y con Daniel Torres, un destacado guionista e ilustrador valenciano.
Metrópolis se distinguía por una identidad marcada por la inspiración en la escena neoyorquina, recreando la estética de los clubs de la Gran Manzana. El espacio era minimalista, carente de elementos decorativos, y destacaba por un aire industrial muy marcado. La iluminación y el sonido jugaron un papel crucial en la creación de su atmósfera única, logrando que el local se convirtiera en un referente en la vida nocturna de Valencia.
Tras el éxito y la experiencia adquirida en Metrópolis, Andújar decidió tomar el concepto desarrollado en este espacio como base para su siguiente proyecto: ACTV. Llevó la estética a otro nivel, transformándolo en algo completamente nuevo y disruptivo. Así, en 1986, ACTV se instaló en la planta baja de Casablanca, conviviendo tanto con esta sala como con Tropical, consolidando su visión de espacios interconectados para el ocio y la cultura en Valencia.
«Definiría ACTV como una obra experimental de participación e interacción, diseñada para transmitir vibraciones y sensaciones inusuales para su época. Mediante el uso innovador del sonido y la iluminación, la obra evocaba una sensación de vanguardia y transgresión. No obstante, su impacto no se ha limitado únicamente a estos elementos, sino también al mensaje gráfico, que ha logrado trascender más allá del espacio físico.»
ACTV, el club del siglo XXI, o así es como se llamaba entre los más cercanos, fue el templo de la música electrónica en España durante finales de los años 80 y finales de los años 90. Su música tenía una clara influencia del techno, el new wave y el post-punk, y fue el escenario de míticas sesiones a cargo de DJs que usaron la discoteca como trampolín para su carrera. El club era conocido por sus maratónicas sesiones que comenzaban al amanecer de los domingos y se extendían hasta las 8 de la mañana del lunes.
En cuanto al propio espacio físico, ACTV estaba ubicado en la planta baja del edificio modernista Casablanca, el que años antes era el balneario Termas Victoria. Contaba con una distribución que lo diferenciaba de otras discotecas, con una estética industrial, vanguardista y provocadora. El diseño del espacio estaba lleno de elementos inspirados en la señalización de obras, con símbolos de protección laboral, como cascos y gafas de seguridad, que reforzaban la identidad visual industrial del lugar.
Uno de los elementos más innovadores y representativos del diseño de ACTV fue la ubicación de la cabina del DJ. Construida sobre una plataforma de hormigón macizo, diseñada para evitar los acoples del sonido, se encontraba situada justo en el centro de la sala. Esta disposición, completamente inusual para la época, respondía a un concepto muy claro: que el DJ no fuera un mero observador de la pista, sino una parte más de ella. Rodeado por el público, vivía la sesión desde la misma perspectiva que los asistentes, compartiendo el mismo sonido, las mismas vibraciones y la misma energía. La cabina se convertía así en el auténtico corazón de ACTV, favoreciendo una conexión única entre el DJ y el público y transformando cada sesión en una experiencia inmersiva y compartida.
Fue la única parada de la Ruta dentro de la misma ciudad de Valencia, lo que la hizo un lugar especial dentro del circuito.
Además, la sala disponía de un sistema de luces y sonido avanzado para la época, lo que hizo de ACTV un referente en términos de tecnología. No solo esto, fue pionera en la incorporación del videoarte y las innovaciones audivisuales, que transformaron las experiencias nocturnas. Mediante el uso de pantallas, proyecciones y efectos visuales sincronizados con la música, ACTV integró el videoarte como un elemento clave en su propuesta estética. Este enfoque vanguardista, apoyado por las tecnologías emergentes, creó un ambiente multisensorial que reforzaba su identidad única y marcó un precedente en la escena clubbing.
Es más, la vinculación del club con las televisiones es tal que las siglas ACTV significan «Corriente Alterna y TV». No obstante, para hacer una asociación con su ubicación, se adoptó el nombre de Asociación Cultural Termas Victoria, en referencia al antiguo balneario.
«ACTV era más que un simple club de música electrónica; también destacaba por su enfoque en el videoarte, inspirado por figuras como Nam June Pak y Kraftwear. El concepto de artes visuales era interactivo, utilizando monitores de televisión donde se generaba videoarte que interactuaba con la música y el sonido.»
Algo excepcional a destacar es que dentro del mismo edificio, existían habitaciones con bañeras de agua de mar, pertenecientes al antiguo balneario que la burguesía valenciana utilizaba para el esparcimiento de los primeros años del siglo XX.
ACTV no solo reflejaba su estética industrial dentro del local, sino en toda su identidad visual y comunicativa. Tanto el nombre elegido por Julio Andújar, como la tipografía austera y comprimida diseñada por Paco Bascuñán, reforzaban este estilo minimalista y directo. No obstante, el elemento que mejor simboliza este enfoque industrial es el isotipo de ACTV, creado por Quique Company. Un pictograma monocromo que muestra un rostro con gafas cubiertas por dos círculos, inspirado en la señalética de seguridad industrial. Las gafas protectoras y otros elementos subrayaban el carácter innovador y disruptivo de ACTV, alinéandose con la música electrónica de vanguardia que se pinchaba en el club.
La primera campaña de ACTV fue una campaña incógnita: grandes carteles de 2×1 metros repartidos por la ciudad, mostraban únicamente el nombre de la marca, sin explicar qué era. Una acción directa y provocadora que despertó curiosidad y expectación antes incluso de su apertura.
Company no solo diseñó este emblemático isotipo, sino que también fue quien, junto a Julio, definió el estilo visual de ACTV, mediante la utilización de imágenes y tipografías recicladas, collage y una gráfica influenciada por el punk. Su trabajo, impregnado de una filosofía anarquista y transgresora, se caracterizaba por la ausencia de reglas y el uso provocativo de la técnica del copy-paste.
«La estética de Company, junto con mi fijación por los visuales de las películas Metrópolis de Fritz Lang y Blade Runner de Ridley Scott, reflejaban influencias industriales y retrofuturistas, lo que aportó un carácter único y distintivo al club. Además de mis fuentes de inspiración mencionadas anteriormente, fue un viaje a NY el que me influyó a diseñar la instalación de un club avanzado para su época.»
ACTV tenía una relación tan cercana con el mundo del diseño y la creatividad, que se convirtió en una plataforma para la experimentación visual. Por ello, la sala fue un importante punto de encuentro para artistas, creativos y actores, consolidándose como un espacio clave dentro de la escena cultural de Valencia. Actuaron personajes tan importantes como Marcel·lí Antunez de La Fura dels Baus, el artista visual Toni Mercader y el performer Ulises Pistolo.
De hecho, su influencia fue tal, que ACTV expandió su identidad cultural hacia el mundo de la moda, lanzando colecciones de ropa y abriendo tiendas tanto en Valencia como en Barcelona, ampliando y franquiciando su presencia dentro del panorama creativo español. Estas tiendas se convirtieron en puntos de referencia para los seguidores de la cultura club y la moda alternativa, consolidando aún más la influencia de la marca en el mundo del diseño y la cultura juvenil de la época.
Tienda oficial de ACTV en Barcelona
ACTV no solo se consolidó como un espacio clave para la música, el arte y la moda, sino que también expandió su marca a través de múltiples formatos y soportes. La discoteca lanzó discos, camisetas, pegatinas, fanzines y otros elementos de merchandising que fueron rápidamente adoptados por sus seguidores.
Con el paso del tiempo, todo lo relacionado con la marca ACTV se ha convertido en un símbolo de esa época dorada de la música electrónica en España, logrando un estatus de culto que ha trascendido generaciones y fronteras geográficas. Su logo y merchandising siguen siendo reconocidos y valorados, y son un claro ejemplo de cómo una discoteca logró influir en el panorama cultural más allá de la música, conectando el arte, la moda y el diseño de manera integral.
«Quisiera hacer una mención especial a todas las personas que formaron parte del desarrollo y la comercialización de A.C.T.V., entre ellas Juan Bataller, Paco Bascuñán, Quique Company, Moisés Álvarez, Arturo Ballesteros y Blanco Añó, cuyo talento y dedicación fueron fundamentales para construir la identidad de la marca.
También queremos reconocer la labor de Vicente Pizcueta por su contribución a la promoción del proyecto en sus inicios, así como la de todos los DJs que hicieron de A.C.T.V. un referente musical. Su talento, su capacidad para innovar y su conexión con el público fueron decisivos para convertir cada sesión en una experiencia única y para situar a A.C.T.V. entre las salas más influyentes de su época.»
Por último, y no menos importante, merece un reconocimiento muy especial Juan Bataller, quien, además de ser una pieza clave en el nacimiento y desarrollo de A.C.T.V., ha mantenido viva su esencia durante todos estos años. Gracias a su compromiso, su pasión y su firme convicción de preservar el legado de la marca, A.C.T.V. sigue formando parte de nuestro presente y continúa ocupando un lugar imprescindible en nuestro corazón.